Castellano Català comotrenesenlanoche@yahoo.com / José Luis Torres
(The wedding planner). EEUU. 2001. Dir.: Adam Shankman. Int.: Jennifer Lopez, Matthew McConaughey, Bridgette Wilson-Sampras, Justin Chambers, Judy Greer, Alex Rocco.
Aunque de premisa argumental prometedora (una organizadora de bodas se enamora de un hombre del que desconoce que es el novio de la mujer para la que prepara la ceremonia de su matrimonio), esta comedia romántica con pretensiones de clasicismo (la guerra de sexos gloriosa en otros tiempos con los nombres de Katharine Hepburn, Cary Grant, Spencer Tracy, Howard Hawks o George Cukor) naufraga por un guión sin gracia, previsible y lleno de lugares comunes; en definitiva, cortado por el mismo patrón con el que se cometieron Una relación peligrosa, Sucedió en Manhattan o Una chica de Jersey, todas con Jennifer Lopez de protagonista, actriz fotogénica pero de recursos interpretativos escasos que en Planes de boda hace de italiana, porque cuando no se tiene la piel de color WASP el abanico de nacionalidades exóticas que en el cine de los EEUU pueden incorporarse es tan extenso como el resto del mundo no anglosajón.
Calabuch Cassidy & Sundance Kid / Franco Citti chitty, bang, bang / Zarabanda Bing Crosby / Jesús Puente sobre el río Kwai / Dorothy Lamour à vingt ans / Los pájaros de Bardem-Bardem / Han Solo ante el peligro / Manolo Escobar Coyote / Tony Leblanc, Bleu, Rouge / Telly Savalas sobre Broadway / Florinda Chico, Harpo y Groucho / Ana Mariscal Romero Show / James Franciscus, giullare di Dio / Alguien voló sobre el nido de Cukor / Carmen Platero y yo / Juan Luis Galiardo y calavera / María Casanova de Fellini / Alfredo Alcón maltés / Ettore Scola de sirenas / Craven vs. Craven / Nicholas Ray de reyes / Antonio Mercero en conduite / Cole Porter Moix / Amparo Baró de Munchausen / Manolo Summer of 42 / Eddie Cantor de jazz / Henri-Georges Clouseau / Danny DeVito Corleone / Elio Petri (¡fiuuuuu!) / Josele Román Polanski / Miley Circus / Lina Morgan Freeman / Penis from Heaven / Corman, el bárbaro / B.B., Totò, Tati, Miou-Miou
Amaneradamente excitado por la trayectoria de la selección ahora denominada como la "roja" pero que hasta no hace tanto (¿el cambio de rumbo de la II Guerra Mundial, por ejemplo?) escuchaba el himno -el mismo, vaya por Dios- saludando con el brazo alzado, Jordi González (La noria, Tele 5) tranquiliza a los espectadores trasladándoles el deseo de la mayoría de la población de Cataluña de la victoria española en el Mundial de fútbol celebrado en África del Sur, concretamente en Sudáfrica. El mero hecho de subrayar algo que debería ser considerado normal automáticamente produce el efecto contrario al pretendido, invitando al receptor a cuestionar el mensaje y la intención del emisor. ¿Se imaginan una declaración semejante sobre Asturias, Castilla la Vieja, Las Hurdes o Andalucía? Es la televisión en su vertiente evangelizadora. Ora pro nobis peccatoribus.
Unas horas antes, una multitud empreñada por haber descubierto que la voluntad popular no es el moll de l'os de la Democracia colapsa Barcelona en protesta por las rebajas del Tribunal de la Santa Constitución sobre el Estatuto de Autonomía de la IV Región Militar. Vista por la tele la movilización tiene mucho colorido, pero la retransmisión de TV3Cat (Manifestació 10 de juliol. Per l'Estatut) no hace exceso de imaginación: combinación de planos desde diferentes puntos del recorrido con entrevistas a políticos asistentes. Hasta que a la normativamente incorrecta pregunta de "Què tal?" (equivalente del futbolero "¿Cómo ha visto el partido?", por lo que parece) el conseller Joaquim Nadal responde con un "Bé. Una mica de calor". Es un momento extraordinario. Emocionante. A la altura de aquellos pacientes trabajos de entomología acostumbrados por Félix Rodríguez de la Fuente. Con esa pregunta simple y aparentemente inocua el periodista ha logrado ponerle imagen al distanciamiento abismal de la clase política con la ciudadanía, causa de la ola de desafección que nos invade. Contestar "Bé. Una mica de calor" ante el atronador eco de la diáfana consigna del gentío convocado es una instantánea demoledora de un burócrata mirando hacia otro lado (o, lo que es peor, teniendo pensamientos lampedusianos). Replicar "Bé. Una mica de calor" en aquellas circunstancias es como coincidir en un ascensor con Scarlett Johansson y desviar la vista al suelo.
Amigos de El hombre y la Tierra, la tele es así. Criticada, vituperada, despreciada, ridiculizada... Produce efectos anestésicos irreversibles sobre el populacho, de acuerdo. Pero aunque solamente fuera por su facultad de desenmascarar impostores merecería la pena hacer el esfuerzo de mirarla menos y verla más.
(Out of Africa). EEUU. 1985. Dir.: Sidney Pollack. Int. Robert Redford, Meryl Streep, Klaus Maria Brandauer, Michael Kitchen, Suzanna Hamilton.
Dos actores guapos y en la cresta de la ola (él, eficaz y seductor; excelente ella, con muchos menos tics de los que siempre se han creído ver), una historia de amor que garantiza las lágrimas, cenas nocturnas en la selva y vuelos en avioneta sobre una África bucólica y de postal amenizados por la evocadora música de John Barry, lavados de cabello metafóricos, puesta en escena elegante, coartada literaria... A pesar de la mirada superficial sobre el lugar, las situaciones y los personajes (y su excesiva pulcritud: ni rastro del cinismo o el olor a sudor, sexo y alcohol de Mogambo), Memorias de África adquirió rápidamente la condición de clásico moderno gracias a que consiguió emocionar y colmar la capacidad de ensoñación del espectador.
Siete Oscar (película, director, dirección artística, guión adaptado, fotografía, banda sonora y sonido) recompensaron esta muestra ejemplar de la política del star-system hollywoodiense del -José Luis Guarner dixit- "respetable pero modesto artesano" Sidney Pollack, un dilatado (145 m.) melodrama romántico como los de antes, situado en una granja "a los pies de las colinas de Ngong", en la Kenia británica de los días previos al inicio de la I Guerra Mundial.
Cine comercial pero de calidad, del que la crónica de La Vanguardia de la noche que también fue de la histórica humillación a Steven Spielberg (El color púrpura: once candidaturas, ningún premio) destacaba que "supo encontrar un equilibrio ideal entre los sueños y la realidad, entre las praderas infinitas de África y las contradicciones del amor, entre las manadas de jirafas y el desarrollo de una gran pasión, entre los ruidos de la selva y los corazones rotos, entre el candor y la humanidad de los negros y la eterna agonía de partir".
SECCIÓN OFICIAL. Que de esta manera fue descrito en su presentación el IV Ibiza International Film Festival por el mismo alma que lo anima, Xavier Benlloch. Ante una repercusión mediática exterior que la isla pueda rentabilizar inexistente (uno de los MacGuffin de la cosa, recuérdese) y la indiferencia del escaso espectador ibicenco ilustrado cinematográficamente, a pesar del recorte, los 60.000 euros de presupuesto del certamen (según escribe Última Hora; un abstracto "algo menos de 100.000" apunta el Diario de Ibiza), cubiertos en su totalidad por el Govern Balear (45.000) y el Consell local (15.000), continúan pareciendo demasiado dinero público para hacer realidad un sueño exclusivamente privado.
FUERA DE CONCURSO. En la línea del cine independiente y de calidad que busca reivindicar el IIFF resulta coherente, sin embargo, la presencia de la polifacética Ana Obregón. Tres decenios de carrera avalan la solvente trayectoria de la guionista televisiva de Ana y los siete, cuya aportación más importante al cine -al margen de Bellas, rubias y bronceadas o Freddy, el croupier- serían las paellas que -dice- cocinaba a Steven Spielberg en los años que estuvo en los EEUU.
UNA CIERTA MIRADA (DE REOJO). Buscar el gazapo se ha consolidado como una de las secciones paralelas más esperadas del IIFF. Si el año pasado el Diario de Ibiza convirtió a Billy Wilder en alemán y habló maravillas de Cuba Goodrich jr. (sic), el "intérprete de Canción triste de Hill Street" (intervino en dos de los ciento treinta y dos episodios que tuvo la teleserie), en esta edición IB3 Ràdio ha nacionalizado canadiense a la británica Jacqueline Bisset y concedido a John Huston (efectivamente, tenemos un problema) la autoría de la fordiana Centauros del desierto. Anteriormente, en 2008, el productor y actor José Manuel Lorenzo, uno de los patronos del tinglado, abogó porque el de Ibiza se convirtiera en el Sundance europeo "pero cambiando las nieves de las montañas de Colorado por el sol del Mediterráneo".
Visto el grado de desorientación con el que es abordado desde todos los flancos (incluso geográfica, las cumbres nevadas que ambientan el festival creado un día por Robert Redford, en Park City, no son de Colorado sino del estado vecino de Utah), se comprende la desconfianza que suscita el (pen)último proyecto de evento de cine con ínfulas en este aturdido -pero soleado, eso sí- rincón de la bañera de Ulises.
(The cider house rules)
EEUU. 1999.
Dir.: Lasse Hallström.
Int.: Tobey Maguire, Charlize Theron, Delroy Lindo, Michael Caine, Kathy Baker, Erykah Badu.
John Irving obtuvo un Oscar como guionista por adaptarse a sí mismo en esta historia de seres desamparados y desarraigados (los niños huérfanos -"príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra"- pero también el médico que dirige la institución que los acoge o su discípulo que lo sustituye), puesta en imágenes con sensibilidad pero exceso de pulcritud por el director de ¿A quién ama Gilbert Grape?
Película emotiva y a ratos incómoda por la dureza de lo que cuenta, narrada con una libertad y amplitud de miras inusuales en el cine comercial norteamericano contemporáneo (la naturalidad con la que se hace defensa del aborto es chocante), ofrece una mirada madura y comprensiva hacia los personajes y sus circunstancias, sobre las que el leit-motiv musical de Rachel Portman actúa de dulce contrapunto, con unos notables Tobey Maguire (tan bien como en American Beauty) y Michael Caine (Oscar como actor secundario) encabezando un muy sugerente elenco.
REINOS DE TAIFAS. Los marcadores de colesterol se me disparan cuando en el estupendo informativo vespertino diario de IB3 Ràdio capitaneado por Núria Pueyo, con el que se pueden recuperar los placeres olvidados de la información pura y dura y del catalán correctamente pronunciado, el locutor de la redacción de deportes (al margen de lo anteriormente opinado, por supuesto) que habla desde la delegación ibicenca califica de "mítico" al OAR, el en su modestia simpático equipo de baloncesto de El Ferrol del Caudillo (visto lo que está cayendo, conviene estar a bien con... ¿me comprenden, verdad?). Reconozco la voz del mismo que, hace unos años, rememorando el pasado durante la retransmisión en la televisión autonómica de Baleares de un partido de fútbol del Ibiza (q.e.p.d.), recurrió a idéntico adjetivo para referirse a un antiguo jugador del RCD Español llamado Palanca. Periquito durante las temporadas 1982-83, 1983-84 y 1984-85, el cordobés Santiago Palanca llegó a disputar vestido de blanquiazul un total de... 14 partidos de Liga. Catorce. 4'6666 de media por campaña. Su carrera posterior transcurrió, principalmente, en el Tarragona. ¿Mito? El periodismo deportivo va sobrado de humor tabernario pero falto de léxico. En su repertorio de adjetivos calificativos, por ejemplo, a los muy exprimidos "mítico" y "espectacular" suelen añadir como mucho un tercero, "surrealista", que les sirve tanto para ilustrar la polémica decisión de un árbitro como la variabilidad de una climatología o la pérdida de tiempo a la hora de realizarse un cambio. Que San Luis Buñuel los perdone.
OASIS. Reivindico el juego cinéfilo -barato y divertido, ideal para tiempos de crisis... de identidad- de retitular las películas a gusto de cada cual. Por eso no pude evitar una sonrisa cuando Ramón Colom Esmatges tuvo un lapsus y convirtió Mujer blanca soltera busca... en Chica blanca quiere... Su maestría a la hora de conducir su magnífico programa (Millennium, canal 33), un remanso de obligada y reparadora parada en el páramo televisivo de hoy, hace que se le absuelvan no sólo las pequeñas faltas sino también otros pecados más graves del pasado, como los años que ejerció de comisario de propaganda en el Informe semanal de cuando el felipismo.
DIETA EQUILIBRADA. Necesito como el pan que como cada día que alguna tele me ponga una película norteamericana de serie B, en blanco y negro, de los años treinta o cuarenta... No importa que sea en horario de madrugada. ¡¿Acaso es pedir demasiado?!
MÁXIMA. "El medio es el montaje".
(Taking lives)
EEUU-Canadá. 2004.
Dir.: D.J. Caruso.
Int.: Angelina Jolie, Ethan Hawke, Kiefer Sutherland, Olivier Martinez, Gena Rowlands, Jean Hughes Anglade.
A la sombra de Seven se marchitaron con la misma rapidez que florecieron una larga lista de variaciones-imitaciones que no alcanzaron ni mucho menos el nivel de lo copiado. Vidas ajenas es uno más de estos psycho-thrillers. Aburrido por conocido, lleno de lugares comunes, hecho más a brochazos que a pinceladas, buscando la identificación del espectador a partir de detalles reconocibles de otras películas, con una inadecuada Angelina Jolie tratando de interpretar -con su boca sempiternamente semiabierta- a una afamada investigadora del FBI cuyos servicios son reclamados por la policía de Montreal en la captura de un asesino en serie con la característica de asumir la identidad de sus víctimas.
Si Jolie (oui, très jolie, mais...) está incapaz en este film de digestión imposible, Ethan Hawke continúa con paso firme en la línea de suceder a James Dean como el peor actor de la historia del cine (su registro interpretativo no va mucho más allá de rascarse la cabeza o hacer espasmos faciales; dos escenas que en sus películas se han convertido, al parecer, en inevitables). Mención aparte merece el hijo de Donald Sutherland, actor de fuste, a pesar de su todavía juventud, desgraciadamente en camino de quedar infraaprovechado como sucesor de su padre en ese tipo de papeles tan estelares como escuetos que aquel frecuenta (probablemente malgré lui).
ATADOS Y BIEN ATADOS. Me pregunto cuántos familiares de asesinados y represaliados por el fascismo durante la Guerra Civil y los 36 años de Paz que siguieron deben encontrarse entre los espectadores de ¡Mira quién mira! (Tele 5). Y, sobre todo, ¿qué sienten cuando ven a la televisivamente disputada nieta del Caudillo de España por la Gracia de Dios siendo lisonjeada y reídas todas sus simplezas mientras más de cien mil muertos continúan mal enterrados en las cunetas de caminos y carreteras del Imperio?
MUJERES Y NOMBRES. Llama sospechosamente la atención tanto el trasvase de pretendientas desde el Elígeme que Carlos Baute presentara en Cuatro como el elevado número de chicas con el nombre de Jenny, en el cada vez más inenarrable (pero gracioso) Mujeres y hombres y viceversa (Tele 5). Me coge meditando en ello el pase en Antena 3 de El maestro del disfraz, película en la que el personaje interpretado por una Jennifer Esposito merecedora de vehículos de más altura se llama... Jennifer. Como también se llamaba Jenny la estudiante de música sin posibles económicos a quien dio vida (y muerte) Ali MacGraw en Love Story, ese clásico del melodrama en almíbar que reviso algunos días más tarde. ¿Ocurre algo que deba saber?
PENSAMIENTO FILOSÓFICO. "Nada de lo televisivo me es ajeno".
PERSPECTIVA. Treinta y un años después de la primera vez, le encuentro la gracia que no supe verle en su día. No sé si es por el en todos los sentidos desmesurado pero entrañable malo Richard Kiel, los pantalones setenteros del protagonista, los efectos especiales (afortunadamente aún no eran digitales), los encantos naturales de las localizaciones turísticas, o los encantos no menos naturales (sin colorantes ni conservantes y convenientemente sugeridos, fugaz desnudo incluido) de Barbara Bach, una de los floreros Bond de más perdurable recuerdo y que entonces todavía ignoraba que iba a casarse con Atouk, el más primitivo de los cuatro beatles (todavía hoy siguen felices, comiendo mirlos y tocando la batería). La espía que me amó (1977, Lewis Gilbert) fue la primera del agente con licencia para matar que vi con el acartonado Roger Moore (un mediocre actor que había triunfado en la tele con las series El Santo y Los protectores, y que como 007 firmó un estupendo plan de pensiones), con la franquicia manteniendo aunque diluidas las constantes referenciales pero definitivamente inclinada hacia la autoparodia. Vista ahora es un entretenimiento para todos los públicos digno y a ratos divertido.
(Twister)
EEUU. 2004.
Dir.: Philip Kaufman.
Int.: Ashley Judd, Andy Garcia, Samuel L. Jackson, David Strathairn.
Una eficaz inspectora de policía es sospechosa del asesinato de una serie de hombres con los que había mantenido fugaces relaciones íntimas. Thriller realizado con el automático puesto, los tópicos habituales (la desconfianza de sus nuevos compañeros, el poli de origen italiano, el romance entre los protagonistas...) y escasa personalidad.
"El agua le dio un tono al film en el que nadie pensaba al principio", afirma ingenuamente Philip Kaufman (The wanderers, La insoportable levedad del ser, Henry y June) en la información promocional que facilita la productora, por un par de escenas filmadas en algún (para la historia que pretende contar la película) irrelevante rincón de la bahía de San Francisco, confirmando que la capacidad del cine comercial norteamericano contemporáneo para plasmar en imágenes lo que quiere narrar es cuanto menos limitada.
Vistoso cast, desperdiciado en unas interpretaciones desesperantes (Ashley Judd, actriz notable, está mal tirando a horrorosa, mientras que su compañero Andy Garcia persiste en la línea de trabajo aburguesada e insulsa que frecuenta desde hace ya más tiempo del permisible).